Posicionamiento

Al final vengo a esconderme en el mismo sitio de dónde hace años necesitaba huir. Soy algo curioso. En homenaje a las zapatillas rojas y al monigote de la camiseta rayada, incluso he dedicado diez minutos a hacer una cabecera y limpiar la plantilla. En otras épocas habrían sido diez horas, pero ya no me importa mucho el envase del asunto. O digamos más bien que ya no me importa mucho el asunto. Pero aquí estaré bien, porque ahora ya no hay nadie y estos siguen siendo mis mundos. Lo siguen siendo, aunque ahora esté yo solo y vayan a tener otro color. Color de seppuku. Mi seppuku.

Posicionamiento: Soy Ariel R. Serlik. En Madrid. Encerrado en mi mausoleo. No tengo 22 años. Sólo 19. He conocido al amor de mi vida. Los libros tenían razón, lo supe enseguida. Al principio Intenté dejarle pasar. Mi futuro se dibujaba demasiado largo y negro. Pero insistió y yo bajé la guardia. Me dejé querer. Ahora me arrepiento de haber sido débil, porque ya no me acuerdo de cómo era ser valiente. Se me ha olvidado lo que era serlo. Se me ha olvidado estar solo. Ya no puedo hacer nada, sólo rendirme. ¿De quién es la culpa? Mía. La culpa es mía. Sabía que no debía, pero me dejé querer. No puedo autoperdonarme. De aquellos polvos, me ahogaré en estos lodos.
No sé qué más tengo en estos momentos. Un pijama con gatos dibujados. Náuseas. Un ipod con 312 canciones y un vídeo. Una caja llena de diarios para mi harakiri. Un ordenador portátil sobre la cama. Sangre en la nariz. Sangre en pañuelos de papel. Una tableta de hachís. Tabaco de liar. Cáncer de fémur. Artritis séptica en la rodilla izquierda. Un sistema inmunológico donde las tropas atacan a los civiles. Dolores. Muchos dolores. Dolores muy diferentes. Dolores profundos y enganchados a lo largo y ancho de mi cuerpo y mi mente. Dolores para gritar. Ganas de escribir. Insomnio.

“Dave… tengo miedo… siento que me desvanezco… no lo hagas Dave…”