Una lata de atún. Lacasitos. Una cocacola. He vomitado una vez.

Dos cigarrillos de hachís con tabaco. No me apasiona el sabor pero menos da una piedra. Antes no quería fumar tabaco porque tenía miedo de las adicciones. Estaba seguro de que las llevaba en mi carga genética y que en cualquier momento caería en alguna. En realidad mi carga genética es una mierda. Lo único bueno de lo que tengo constancia es de mi nonna Agra y físicamente no me parezco mucho a ella. Soy más bien la mitad de mi padre y la mitad de mi madre. La mitad de un sidoso yonki alcohólico y la mitad de una puta esquizofrénica suicida. Eso me convertiría en un chapero yonki sucida, así que no sé por qué ahora todos a mi alrededor se extrañan tanto. De hecho, ya tengo pensado un epitafio perfecto: “No fui yo, que fue la genética.”