A lo largo de nuestra vida nos entrelazamos con un sinfín de seres humanos que en un momento u otro mantienen o cruzan nuestro camino. Son nuestras propias manos las que cosen el hilo que los convierte en amigos, compañeros, amantes… Nuestras manos las que levantarán vínculos o los tirarán abajo para siempre. Y por fuerte que pueda llegar a ser la atracción, por mucho peso específico que puedan llegar a tener los recuerdos, siempre habrá un punto de retorno en el que puedas volver a ser el mismo que eras. Un camino de regreso que te permita recuperar tu voluntad y tu control, tal y como los conocías antes.

Y sin embargo…a veces, de entre un millón de personas, cruzas con una a la que te une la irrevocabilidad de lo absoluto. Como si ese hilo lo hubieran cosido por ti incluso mucho antes de que adquirieras conciencia. Incluso mucho antes de que fueras persona y tuvieras un destino como tal.

Y todo a su alrededor se hace de luz.