Pan tostado. Un plato de sopa. Fiebre de 7 a 10.

Anoche hubo tormenta de rayos, truenos y centellas. Se hizo día en la noche. Impresionante. Los demás se habían acostado, así que salí a la terraza y me puse bajo la lluvia, con la cara y los brazos vueltos hacia arriba. El pijama se me pegó al cuerpo. Resulta impresionante mirar hacia los rayos con los ojos cerrados. Cuentas 1-2-3 y piensas que el próximo te cae encima y te borra de la tierra sin sufrir. Estuve allí hasta que los gatos lloraron desde la entrada. Me pareció que los miaus sonaban a “Entra ya estúpido, y cierra la puerta. Nos estamos acojonando…”
Bueno, a las pocas posibilidades de que me cayera un rayo, añado mi triángulo corporal de protección mágica. El anillo bereber en la mano izquierda, el tatuaje chelja al final de la espalda, la piedra de mi shemir en el piercing del ombligo que ocultaba bajo la camiseta como regalo para él…
Mi triángulo de protección mágica que corporalmente no ha servido para nada.Supongo que en las instrucciones, de tenerlas, habría puesto que era válido únicamente para rayos, truenos y centellas. Y… ¿amores de riesgo?

Ahora que pienso en lo del piercing, me doy cuenta que queda un poso de tristeza absurda en los regalos que no se llegan a dar.