Un cuenco de arroz precocinado. Vomitado por asqueroso, no por náusea.

Hablando con A. recordé Jimpomuk y estuve echando un vistazo. Escuché alguno de nuestros podcast. En todos salgo riéndome como una hiena. Era incontrolable, hacía que me riera de todo y por todo. Para mí él siempre ha sido como un cogollo de marihuana que no se consumiera nunca.
He recordado el sonido tan sexy que hacía cuando fumaba, expulsando pequeñas dosis de humo entre los labios mientras se reía. Esa gilipollez me volvía loco. Siempre tenía deseos de mandar su cigarrillo y el podcast a tomar por culo, y comérmelo vivo en plan mantis religiosa. La líbido humana es algo complejo y fuera de toda lógica.
He intentado imitarle con el cigarrillo de hachís, pero no me sale. Más que un hombre que suelta pequeñas dosis de humo entre risas, parezco un sapo que hubieran metido en un tubo de escape. Y así vuelvo, zumba que te dale, a mi absoluta falta de sexy thing.

Cierra el pico, rodilla supurante. Hoy tampoco voy al hospital. Soy complejo y fuera de toda lógica, como la líbido humana.