Ensalada de pollo sin pollo. Vichy por un tubo. Estómago en protesta.

Un mal día el de ayer. Dolores, náuseas, agotamiento físico, desequilibrio nervioso… No quiero volver a tirar de la tableta de hachís, pero la verdad es que para mí supone una especie de patera que me acercara a la costa como promesa de un lugar mejor. Es una lástima que el tabaco con el que tengo que mezclarlo, sea la guardia civil que me intercepta y me devuelve al Magreb de una patada en el culo.
Me he pesado ocho veces y he cambiado de báscula dos. Nada que hacer. No puedo echarle la culpa a la electrónica, no hay error. Simplemente, vuelvo a perder peso. Sumo diez kilos menos en tres meses. El calor no ayuda y la falta de sueño, menos todavía. Dentro de poco seré un tatuaje de mí mismo, y me pesaré en una de esas balanzas de cocina, con los piececitos colgando por encima del platillo.

Me apetece tener otro gato. Y creo que será pelirrojo y se llamará Porro.