Pescado. Una bolsa de pipas peladas. Paz después de la tormenta.

El calor convierte mi habitación por las noches en un microondas. No me ayuda nada a conciliar el sueño con el que se supone que debo recuperar kilos y energía. Esta madrugada, ante el miedo de que la cabeza me estallara en plan plop de palomita, he arrastrado el colchón hasta el salón y me he tumbado a pie de terraza. M. se ha levantado cuando amanecía para hacer un pis y ha tropezado con mi cuerpo serrano tirado en el suelo del salón. Casi le da un infarto. Ha faltado un tris para que me metiera la chancla en la boca. Le he visto mover los brazos con mucho aspaviento mientras me preguntaba qué cojones hacía tirado en el salón. Yo le he respondido que qué cojones hacía él yendo a hacer pis al salón. Y cuando ya nos ha quedado claro a ambos que en el salón no hacíamos más que el idiota, hemos procedido a cerrar el pico y a regresar, él a su pis, yo a mi cama.

Mañana volveré al hospital a por una receta de somníferos. O tranquilizantes. O narcóticos. O…