Hoy sólo odio a Conchita

No sé por qué odio a Conchita, pero ODIO a Conchita. Cada vez que la escucho en la radio siento irrefrenables deseos de destruir algo. De aniquilar. De rociarme con gasolina y quemarme a lo bonzo. De coger la guitarrita e incrustársela en la cabeza al grito de cobabunga. Y no me gusta sentir eso, porque joder… soy pacifista, feminista y prodefensa de la libertad de expresión, pero es que es una sensación que se escapa completamente a mi voluntad. Simplemente, la mataría. Metería en una hormigonera gigante su vocecita de mariamelindres, sus cancioncitas ñoño-light, sus airecillos de cantautora de catequesis, su melenita de superchuli, sus ojitos de oveja lucera, sus manitas desnutridas y su puta guitarrita que, seguro, tiene en la parte trasera una de esas malditas pegatinas de margarita pro-pedorras.

Yo quiero una Soraya Arnelas. Con sus caderas insondables, su cintura comestible, sus piernas indescriptibles y su acento de camionero extremeño. Y quiero que algún día, las mujeres de 5000 watios se coman crudas a las princesitas ñoñas, tísicas y descoloridas del superpop español.

Coñoya…