María me ha enviado su libro. Tengo en mis manos el libro de María. Y me lo ha dedicado y me lo ha rellenado con chocolate. No una campana de elgorriaga, no… chocolate de primera. Chocolate de gourmet. Aparte de «a tomar por culo la hiperglucemia, esto hay que celebrarlo», se me ocurren muchas frases para adornar el momento. Me emociona que un escritor me dedique un libro, pero si encima ese escritor surje de la complicadita blogosfera… ya no es emoción, es directamente adrenalina.
Bueno, sí… la blogosfera no era lo complicadito, sino yo. En mi vida he dado saltos más grandes que cuando alguien me ha intentado sacar de la madriguera. El chico saltamontes ahoraestoy-ahoranoestoy. No me sorprende que muchos hayan llegado a la conclusión de que no existo o de que soy el experimento sociológico de cuatro frikis con mucho tiempo libre. En un mundo como este, lleno de redes sociales, asociaciones, grupos y subgrupos, donde todo individuo busca la aceptación de un clan y su consiguiente huequecito amable en la sociedad humana del mundo mundial…¿qué coño pinto yo con mi cartel de Not Disturb? Si hasta incluso me sorprendo todavía cuando veo mis ojos mirando ahí arriba. Tanto que un día de estos, me dibujaré un antifaz y un bigote.

Pero María me ha enviado su libro, y no he sido saltamontes. Porque con María no hace falta saltar. Ella sólo se acerca y dice «chst…eh chaval… coge esto y lárgate. Vamos, vamos, vamos…»

María es mi héroe.