Nuevo menú de gourmet. Había helado frito, crêpes de plátano o brownies y he pedido zumo de naranja. Me merezco un monumento. Sangrado leve de nariz.

Al médico se le han salido los globos oculares cuando ha visto mi analítica. Me ha dicho que si lo que quería era suicidarme como un niñato, ponía a mi disposición todo un surtido de pastillas mucho más rápidas y efectivas que las “helatatas Serlik”. Yo me he justificado diciendo que había pasado unos días bastante deprimido, y él me ha rugido (literalmente) que valía como excusa para los niños de doce años, no para un “hombre hecho y derecho de veinte”. Es pasmoso como puedes pasar de ser un “niñato” a un “hombre hecho y derecho”, según varíe la argumentación de bronca de tu interlocutor… Debo estar mejorando, porque con la somanta de hostias verbales que me ha metido (y que por otra parte me merecía), demuestra que compadecerme, me compadece poquito. Y eso siempre es buena señal.
Aparcado mi caos alimentario hasta nuevo aviso. No puedo empezar el ciclo de prednisona con el hierro bajo mínimos y la glucosa desbordando por las orejas. Estoy animado a volver a la rehabilitación. Es gracias a él. El amo de mi calabozo que abre o cierra el futuro con un sólo gesto.
Inmenso el poder del hombre con pantalones de Jeremías Johnson…