Ensalada con cefalópodo indeterminado. Naúseas. Dolor. Un mal día.

Llevé a A. a ver la película de Hanna Montana. Espeluznante experiencia. Lo único que saqué en claro durante la hora y media de película, es que todas las «star-teens» de la factoría Disney tienen cara de buñuelo. A la salida, dos niñas de catorce años me dijeron entre risitas que era muy guapo (eso a pesar de tener la pierna sobre el asidero de la muleta en plan flamenco tropical en reposo) y me ofrecieron sus teléfonos y sus twentis (que dicho sea de paso, no sé qué coño es). La autoestima me subió un 0,5%. Se lo dije a A. cuando salió de sus veinte interminables minutos de pis femenino, y me recordó que las niñas habían ido a ver a Hanna Montana y que, por consiguiente, a lo mejor eso significaba que yo también tenía cara de buñuelo. La autoestima me volvió a bajar otro 0,5%, quedándose en el mismo punto donde estaba antes.
He vuelto al hospital y a la rehabilitación. A H. le han tenido que amputar la pierna. Infección por rechazo. Es inevitable deprimirse un poco y hacer la porra de quién será el siguiente, como compañeros de tropa en Vietnam. Por supuesto, Edu vota por mí y yo voto por Edu, pero disimulamos y nos damos palmaditas diciendo: «ya verás como a ti no te pasa…»