Todo lo que había en el frigo, porque tengo que descongelar mañana. Hecatombe hepática de croquetas frudesa y yogures caducados. Dolor de riñones.

Nuevo ciclo de prednisona y la herida de la pierna cerrada y calladita. Tranquilo, porque J. está tranquilo, y contento, porque J. está contento. Jugamos a Diablo II y me hace chistes de los suyos, de esos que me sacan risa de conejo. Planeo, prudentemente y en silencio, meterme en su casa de contrabando. No sé qué tiene este hombre, que sólo necesita respirar para excitarme y decir «cáspita» para que me descuerne de risa. Creo que es el fenómeno fan. Si cantara o tocara la guitarra, yo sería el descerebrado que llevaría su foto hasta en los calzoncillos y recorrería 950 km. haciendo autostop sólo por ver su nuca de refilón entrando al hotel.
Gracias a mis eczemas devoradores de pies, me tengo que meter en la piscina con escarpines de goma, como las viejillas. Sólo de pensar en la imagen que doy con el gorrito y los escarpines, me voy riendo durante todo el trayecto piscina norte-piscina sur. Me estoy haciendo famoso en el centro de rehabilitación. Ya no soy el rubio de los pelos disparados bajo el gorrito. Ahora soy el rubio de los pelos disparados bajo el gorrito que se descojona solo. De aquí a que me manden de nuevo a psicoterapia, hay un paso.