Ensalada de ensaladas. Dolor articular. Ciática. Qué viva la pepa.

Mientras ordenaba el botiquín he encontrado las dos cajas de adofen, de cuando estaba en el psicogrupo y nos las recetaban como caramelos. Me he acordado de una de las chicas de allí, diciéndome «Es como si te colocaran unas gafas con las que pudieras ver el mundo en rosa».
Me ha entrado la furia repentina y he vaciado los cuatro envases en el wáter. Colocón para las ratas alcantarilleras. No quiero ver el mundo en rosa, cojones. Ni en amarillo, ni en naranja, ni en verde botella. Quiero ver el mundo del color que tenga. Gris viejo. Azul pedo. Marrón caca. Y ser consciente de la realidad. La pastilla que te ayuda siempre desemboca en un envase que se termina. Y luego en el segundo. Y después en el tercero. Y sigues dejando al monstruo allí, agazapado y enmascarado en colorines monos, dispuesto a comerte vivo en cuanto te descuides. Menuda solución de mierda, que nisiquiera es solución. Un paréntesis eterno que mantienes ahí suspendido por el resto de tu vida, mientras te autoengañas, como un gilipollas integral.

Uf… ¿otra subida de testosterona? y yo sin una Conchita que echarme a la mala leche…