Polos de congelar y batidos de proteínas. Sólo tengo sed. Es la prednisona.

200 litros por metro cuadrado en cinco minutos. Eso fue Madrid anteayer. Y de entre todos los sitios donde podía pillarme, me pilló subido en una moto. Culpa mía. Suelo ser ciego a todo lo que juega en mi contra: rodilla chunga, falta de carnet para esa cilindrada, cielo encapotado a punto de aguacero… Pero claro, sólo era llevarla de Plaza España a Quevedo, y encima con cambio automático, así que no requería juego de tobillo. Pensé «¿qué puede pasarme?». Pues el diluvio universal. Eso pudo pasarme y eso me pasó. Litros de agua corriendo calle abajo, coches circulando a 10 km/h. por la mala visibilidad, y la policía municipal (o eso me pareció) en cada esquina, supervisando el caos. Eso sin contar con que llevaba el nervio ciático pinzado y que bajar el pie derecho en cada parada era un pequeño viacrucis para mi pobre culo. Milagro que no terminé yo también calle abajo y desembocando en alguna alcantarilla. Eso sí… afortunadamente, iba muy adecuado para la lluvia con los pantalones de lino y las chancletas. Cuando pude desmontar de aquel trasto parecía talmente que me hubieran envasado al vacío.
Otro apunte para escribirme en la frente: No se hacen cosas de dos piernas, cuando sólo puedes disponer de una.