Yo que sé… ni me acuerdo… ¿pescado?

Se supone que tengo prohibido terminantemente el sol. Se supone que con mi enfermedad autoinmune, me la juego si me quemo. Se supone que debo usar un protector de pantalla total y que debo esconderme de las peores horas de exposición (o sea, todas). Sin embargo, yo me voy de paseo a la piscina descubierta, en plena mañana de junio, con mi gorrita, mis gafitas de los chinos y mi protector del 10 y claro…termino de color ladrillo chungo, a lo largo y ancho de mi cuerpo. ¿Y ahora? ¿que hago mañana en la revisión? ¿mentir y decir que alguien se llevó el techo de mi casa mientras dormía? ¿contar la verdad y confirmar que soy una combinación de imbécil integral e irresponsable absoluto? ¿explicar que mientras estaba bajo la solanera no me parecía tan mala idea? Creo que mi capacidad para cuidar de los demás es inversamente proporcional a la que tengo para cuidar de mí mismo. Necesito otro Ariel. Uno que vaya paralelo a mí y me vigile. Uno que me hable conmigo y me diga «¿qué tal? ¿qué has comido? ¿te has acordado de la prednisona? suenas triste, ¿estás bien? ¿todo bien en el trabajo? ¿has escrito hoy? ¿te duele la rodilla?»