Se me ha roto el ordenador. De una forma muy espectacular, con chispazo, humo, salto de automático, apagón general, olor a refrito… Me encuentro dos opciones: Tirar de portátil o tirar de portátil. Yo aprendí mecanografía con una underwood de hace siglo y medio que había en casa de mi padre. En cada tecla se podía aterrizar un helicóptero, y tenías que hundirlas con fuerza para que marcaran la letra al ritmo de clanca-clanc. Ya me costó luego escribir con todos los dedos en un teclado pc vulgaris, así que cuanto más, en estos teclados pc-portátiles, que parecen diseñados para pigmeos con visión nocturna. Con cada letra que escribo, tengo que borrar otras cuatro que se me han colado por la cara. Menos mal que hoy he descubierto en una esquinita la miniteclita de borrado. Eso después de año y medio usando el retroceso para suprimir, como un pringao. Su puta madre. Que manía de hacer el mundo en pequeñito y en plano. Qué poca consideración para con nosotros, los inútiles en tres dimensiones.
Y todo eso sin meterme con el windows vista y su estrellita antipirateo superguay para chicos legales y chachis que no piratean, ni roban programas como vulgares comunistas. Que no quiero decir dónde les metía yo la estrellita, previo afilado de sus cinco puntas naranjitas y verdes.

Hoy no tengo pus apestoso. No tengo nada y estoy moreno de verde luna. Si me dejas sentado en un sofá y no te fijas mucho, casi parezco un chico normal.