Patatas con salmón. Algo de dolor en zona no identificada de la espalda. Ojo al dato. Eso es nuevo.

Me he llevado las zapatillas de Ed Hardy y la camisa hippie a trabajar. He contado las cabezas que se han vuelto a mirarme con ojos de “nopuedocreerlo”. Ocho. Los azules moteados de la camisa enmedio del universo de los trajes grises y las corbatas rojas, han sido como un berrido en una sala de espera.
J. me dijo que no lo hiciera, porque no era buena idea jugar a enfadar al jefe con los tiempos que corren. Lo cierto es que era un consejo sabio. No entiendo por qué siempre termino haciendo lo contrario de lo que me dicen. Necesito algo que genere la energía suficiente como para electroshockearme el cerebro y encauzarme otra vez en el camino fácil. No sé… quizá un exorcismo, o un polvo de tres orgasmos.
Me desvelé antes del amanecer. Tequila dormía sobre mi almohada, así que me entretuve en mirarle con detenimiento el hocico. Es asimétrica. Tiene un lado del hocico más alto que el otro. Lo sumo al rabo en L, el chillidito de mono, las orejas de oso Yogui, la uña de velociraptor y la media pata trasera aplastada. Fea como un demonio. Increíblemente dulce y sociable con los extraños. Nunca tuve un gato igual. Es maravillosa; la niña de mis ojos. No la cambiaría por nada.

¿Por qué me gusta tanto lo imperfecto?