Bonito con tomate. Un chupito de vodka. Na zdorovie!

M. me lleva al trabajo en moto hasta que su novia vuelva de vacaciones. Había olvidado el frío que se pasa yendo de paquete a esas horas. Cuando llego a destino, tengo que contarme los dedos de los pies, para asegurarme que no me he dejado ninguno por la M30. Creo que mañana me llevaré la chaqueta de rapero indigente y luego, cuando el termómetro esté en 39º, volveré con ella atada en la cabeza al estilo beduíno. Al fín y al cabo, después de la camisa hippie de ayer, y las flic-floc de hoy, cada vez tienen menos motivos en el trabajo para sorprenderse conmigo. De hecho, ya simplemente bajan la cabeza y hacen como que no me ven. Menos las señoras de más de 45. Esas siguen viéndome, observándome, mirándome y diciendo ayquepenadechico quemalasuertelodelcáncer.