Para Susana, en su cumpleaños, con todo el cariño que le puede caber a Ariel R. Serlik en su minicuerpo.

Me he terminado de cargar la puerta de casa, por abrirla con la llave torcida. M. se ha puesto estúpido y ha empezado a gritarme, así que hemos terminado casi a tortas. Con el cabreo aún bien puesto, nos hemos ido a comer al wok garden. Una velada encantadora. M. y yo dándole al sushi en silencio sepulcral, con la pobre A. haciendo de juez de pista. A la vuelta, ha puesto la moto a 140 para tocarme las pelotas, así que yo en respuesta me he agarrado a las suyas. Una especie de acuerdo tácito prepactado y sin palabras: Tú corres, yo aprieto. Lo ha entendido a la primera y sin explicaciones y riéndose por debajo del casco, ha bajado hasta 90. Llegando a Moncloa me ha dicho que si volvía a «jugar con las cosas de comer», haría un caballito con la moto y me dejaría tirado en el asfalto. Yo le he recordado amablemente de dónde estaría agarrado mientras me caía y como, siendo así, iba a poder ponerse el escroto de gorrito para los próximos fríos invernales. Nos ha dado la risa tonta y se nos ha olvidado por qué nos habíamos enfadado, hasta que hemos llegado a casa, he vuelto a abrir mal la puerta y me la he vuelto a cargar.
Será mejor que mañana coja el metro.