Sashimi y agua.

He ido al hospital a llorar un poco de morfina, pero no ha habido suerte. La doctora me ha explicado que el dolor es un mero reflejo cerebral que puedo controlar. Yo la he escuchado intentando poner cara de andamiratú, pero me ha salido fatal. Lo cierto es que he oído esa frasecita ochocientas veces desde que enfermé, y siempre en boca de personas a las que no les dolía nada. Bueno, bien. Entiendo que la juerga de la morfina se terminó. Nolotil y chuto. Por ser yo, un par de dosis en ampollas; el resto cápsula de andar por casa. He hecho los ejercicios de respiración que me enseñaron. Tengo que autocontrolarme. No estoy en el mejor de mis momentos anímicos e imagino que todo influye. Tampoco hay mucha felicidad alrededor, que digamos. El que no está enfadado conmigo, esta decepcionado, furioso o las tres cosas a la vez. Imposible no pasarme el día recogiéndome la autoestima de alrededor de los tobillos.