Sigue el dolorcillo run-run del fémur. Yo sigo mojándome la punta de los pies, saltando charcos. En alguna parte de algún armario están durmiendo mis botas, pero no recuerdo dónde. Nunca estoy preparado para los cambios repentinos. Menos mal que no tengo una profesión comprometida, como piloto de caza o bombero. Si no, mucho me temo que la mitad de los incendios me tocaría apagarlos en chancletas.

Mañana voy a hacer la «tarta de tres chocolates» para M. y A., en compensación por lo del sillón naranja. En este mismo instante, dentro de mi nevera hay tres tabletas de chocolate con leche, tres de chocolate blanco y una de chocolate negro. Mientras firmaba los papeles de las becas pensaba: chocolate en la nevera… chocolate en la nevera… chocolate en la nevera… Y mientras revisaba la lista de los libros pensaba: chocolate en la nevera… chocolate en la nevera… chocolate en la nevera… Y mientras hacía pis esquivando gatos pensaba: chocolate en la nevera… chocolate en la nevera… chocolate en la nevera…

Cuanto antes lo asuma, mejor para mi conciencia. Mañana voy a hacer la «tarta de un chocolate y medio» para M. y A., en compensación por lo del sillón naranja.