Ayer me cayó la bronca del siglo por llevar tres días con el catéter infectado. Hubo sopapo para la enfermera, sopapo para el ats, y sopapo para el paciente, que en este caso era yo. «¿Pero… cómo coño se te ocurre estar tres días con eso así sin quejarte?» me dijo el médico entre muchos aspavientos. Casi me lo pude imaginar inclinado sobre mi féretro diciendo «¿Pero… cómo coño se te ocurre morirte de una septicemia?»
Hay que joderse con el surrealismo vital que me envuelve…

Sea como fuere, encadeno rapapolvos, regañinas y enfados que me llegan desde todas las direcciones a lo largo de estas dos últimas semanas. Y avanzo entre ellos con la seguridad cada vez más absoluta de que no hay nadie en este mundo que pueda entenderme, salvo tú. Por eso siempre ando arañando tu puerta, como un chucho llorica.

Ya son tres días con dolor de cabeza. No sé si deberia preocuparme.