Me arrepiento de la pataleta de mi último post. Qué tonto soy cuando soy tonto. Iba a borrarlo, pero creo que lo dejaré ahí como monumento a las chuminadas existenciales que no llevan a ningún sitio. Es una puñeta eso de que se me olvide ser zen. Escribiré cien veces: la justicia es una pollada de católicos y lloricas. La vida es como es, y punto pelota.
Bueno.. quizá sea muy largo para escribirlo cien veces.
Hoy me he reído mucho. Me he reído cuando he ido a ver a P. al hospital y le he dicho que le regalaría unas cejas con velcro, para ir cambiándoselas según estuviera triste, contento o enfadado, como a un Mr. Potato. Me he reído cuando él también se ha reído de la chorrada, y se le ha ido el caldo de pollo por la nariz. Me he reído cuando le he dicho a J. que tomara un antiinflamatorio para la contractura y me ha respondido “Lo siento, Ariel. A estas alturas de mi vida yo ya sólo tomo drogas que sean divertidas.” Me he reído cuando Takhesi ha ido a ronronear a J. con una espina del cactus clavada en el lomo y él ha dicho: “Este gato tiene la piel como un cocodrilo”. Me he reído con un montón de tonterías y me ha venido genial. Igual que respirar en una bolsa, o darme un par de vueltas en la montaña rusa.

Mañana llevaré crucigramas a P. Me gustaría llevarle bollos. Le flipan los bollos. Pero su médica no me deja darle nada que no sea líquido.

Mañana le llevaré crucigramas y calippos de limón.