Pan de pipas con queso philadelphia y salmón. Menudo descubrimiento, coño.

Hoy un poco triste. No sé bien por qué. Supongo que mi filosofía zen me impide tomar conciencia de lo que significa «para siempre». La vida es corta y llena de aristas. En ella no deberían existir los «para siempre». Pero existen. Y me imagino que por eso al final se nos queda esa carita de tontos, cuando nos meten en la cajita de pino, con la cabeza aún llena de preguntas, tipo «¿por qué no la besé?» «¿por qué no le dije que la quería?» «¿por qué no volví a verla?».

Bueno… sacudida de cabeza existencial y vuelta a mi realidad. Cada vida es como es, y punto pelota. Y eso sí que es zen.

En estos momentos, estoy en el hospital. No pillo conexión, así que otra vez posteo en la dimensión espacio-tiempo. P. tiene muchos dolores. Me siento totalmente impotente oyéndole gemir. Lo único que puedo hacer es apretarle la mano, pasarle la toalla húmeda por la frente y pedir más calmantes a las dos enfermeras que escuchan mis timbrazos como quien oye llover.

Como no traigan la maldita inyección en los próximos diez minutos tendré que matar a alguien. Y para ello sólo dispongo de la cuña del pis, así que… bueno… por una vez me alegro de no tener madre. No creo que estuviera nada orgullosa de verme en la portada del 20minutos, con los ojos inyectados en sangre, y agarrado a un orinal manchado de restos de enfermera pasota.