¿Por qué ponemos títulos a los post?

Hola Yissuh. Hoy he matado al monstruo de la bandeja con chocolate y pipas de calabaza. No está mal para no tener superpoderes ¿no?

He ido a clase después del trabajo para sentirme chico normal. Al salir de Latín, me he cruzado por el pasillo con el niñato gilipollas ex-encantador de hace dos post. Yo iba haciendo un globo de chicle y al pasar por mi lado me lo ha estampado en las narices. Mi primer impulso ha sido de patearle el culo, pero luego he recordado que soy bajito, flaco y demasiado joven para vivir sin dientes, así que me he limitado a poner cara de perro chihuahua. Tú no lo sabes, pero no es nada divertido ser bajito en una generación de altos que te estampan globos de chicle. Todos los dictadores son bajitos. Creo que se nos va agriando el carácter a medida que avanzamos en años y vamos dejando de oir esa maravillosa frase: «Tranquilo, aún tienes que crecer un poco…»
Por mi parte, no hago más que acumular frases «aún-tienes-qué». Creo que un día de estos me despertaré en medio de un gran ¡flops! y de pronto tendré altura, mandíbula, vello en el pecho, barba, musculatura en condiciones…
Por ahora sigo mirándome al espejo y viendo al enano imberbe que cría gatos y pasea la autoestima dentro de un globo de chicle por los pasillos de la facultad.

Mh… me he comido las semillas de lino con el queso quark. Ya no me van pareciendo tan repugnantes. Ahora están en grado asqueroso-2. Mañana quizá en asqueroso-1 y pasado… en aceptable. Ana me ha preguntado qué era eso que tomaba por las mañanas y le he respondido: «Alpiste para periquitos». Ella ha dicho «ah, ok.» y ha continuado mirando los dibujos animados, tan pichi.

Creo que para Ana soy una especie de microcosmos surrealista dónde cualquier gilipollez es posible y plausible.