Cuando digo que voy a hacer cosas, no las hago nunca

Tengo un amigo que se llama Hugo. Fuimos compañeros del piso cuando los servicios sociales nos liberaron. Ahora vive con una chica que hace años fue mi seminovia. Yo todavía estaba en acogida, así que imagina el tiempo que hace de aquello. Era bajita y nerviosa, con los ojos muy verdes. Iba al colegio de monjas para niñas pijas que estaba frente al vallehermoso. Salimos algunas veces, nos besamos un poquito, nos metimos mano, me regaló un anillo. Yo grabé su nombre en el banco de un parque y blablabla… Ya sabes. Todas las tonterías maravillosas que haces con una chica cuando todavía te muerde el pavo de la edad del ídem. Terminamos de forma traumática porque quiso manejar mi complicada forma de ser. Yo le avisé que era misión imposible. Me pasa con todas las mujeres y hombres de mente femenina (que no es lo mismo que afeminados, ojo…). Ellos van por un camino, yo voy por otro, intentan adaptarme a su paso y… zas. Trauma al canto y odios para Ariel. Bueno, sea como fuere, ella ahora es pelirroja, preciosa, maravillosa, y vive con Hugo.
Me lo encontré en el gtalk y le pregunté por ella. Dijo: «Bueno, tengo celos de ti casi todos los días, porque ella todavía dice que fuiste su peor relación. Que nunca jamás volvería a tener nada contigo. Que eres inmaduro, insensible, incomprensible e incapaz de amar a nadie». Le dije «¿entonces de qué tienes celos? si todavía piensa eso después de tanto tiempo, es que claramente me odia.» Me contestó: No, hijo. Cuando deje de hablar de ti de una puta vez sabré que de verdad ha pasado página contigo.»

Te cuento esto porque tú tenías razón. Fue con referencia a aquella carta ¿te acuerdas? Dijiste que la indiferencia era lo único que demostraba que cerrábamos página con alguien. Que no valía el odio, ni la rabia, ni ningún otro sentimiento que nos esforzáramos por pintar lo más ajeno posible al amor. Otra de esas malditas verdades obvias e incómodas que me pones frente a las narices y no soy capaz de ver hasta que no me estallan en los morros.

Hala. Y ahora agárrate a mí, porque estamos a salvo. No tienes mente femenina. No eres de esos. Alabado sea Jehová.

Mh… ¿jugamos a diablo?