Será que tienes alma de bolero

Ya. Ya sé que tengo que volver a los diarios. Lo he postpuesto al sábado para poder escribir por la mañana. No sé cómo afrontar todo lo que sigue sin que suene a culebrón venezolano. Tengo que darle un par de vueltas y necesito el motorcillo de la vespino a tope de gasolina. No me recuerdes que tenía que haberlo completado en septiembre. Lo sé, lo sé, lo sé… Es que, en serio, cuando digo que voy a hacer algo nunca lo hago. De hecho no debería ni estar diciendo esto. Ahora mismo un djin está flotando sobre mi cabeza con la maldición a punto y susurrándome a la oreja «te pasarás el sábado tirado en el sofá comiendo galletaaaas…»

Hoy he estrenado los vaqueros de mariquita con rayas raras. Es una pena que sean tan horteras porque me quedan como un guante y me encuentran el culo que perdí hace año y medio. Pantalones horteras mágicos. No sé bien qué hacer con ellos. Los teñiría, pero temo que las rayas resurjan bajo el negro cual atlántida y sea aún peor el remedio que la enfermedad. El chico de la cafetería me ha dicho que eran pantalones de Bisbal. Me ha hundido en la miseria, pero he disimulado como un campeón metiendo un par de risillas falsas en el colacao. Ojalá hubiera podido meterme yo entero en el colacao. Pantalones de Bisbal incluídos.

Me duele la pierna. Es la lluvia. Al andar noto un clac raro en la rodilla. Y como cogí mal el bajo de los pantalones y me dejé uno más corto que el otro, me he pasado el día bajándome la pernera derecha, así que el ruido exacto de mis movimientos hoy por el mundo ha sido: clac… frzss… clac… frzss… clac… frzss…

Soy un puto desastre. Ojalá los dioses tuvieran un lápiz de esos con goma arriba, para poder borrarme y redibujarme de nuevo. Y ya puestos con el culo donde estaba antes. Que eso no gana amores, pero oye… ayuda.