Podemos hacernos un lío entre reir y llorar

Parafraseando canciones: Sólo una palabra, se hubiera llevado el dolor.

He terminado el libro de Oscar Wao. Pobre Oscar Wao. Le matan de una paliza por enamorarse de quien no debía. Desde la primera página supe que moriría por amor. Un gran libro. Me ha hecho llorar, reir y sufrir. Mira que es difícil que un libro dramático te haga reir ¿no? Igual de difícil que un libro de comedia te haga llorar, supongo. Pero Junot Díaz lo logra. Su prosa llena de latinajos ha sido un gustazo después de tanto nórdico inundando las estanterías de lenguaje regular, periodístico y linealmente aburrido. No me gustan los nórdicos. Son más fríos que los huevos de un vampiro. Creo que aunque sean capaces de crear grandes historias, jamás aprenderán a contarlas.
Sin embargo ahora todo el mundo compra nórdicos. Igual que hace un par de años, todo el mundo compraba masonería, templarios y biblias secretas. Qué tontos somos leyendo. Qué borreguiles y qué panolis.

Le han vuelto a hospitalizar. Tiene dolores, palpitaciones, naúseas… Las placas y los análisis dan todo perfecto. Yo apuesto por un ataque de pánico mezclado con ansiedad, por la proximidad de la última sesión de quimio. Le he dicho que era un desastre de paciente y que tenía que calmarse. Ha respondido: “claro… se dice muy fácil cuando no tienes que pasar por esto CUATRO VECES…” Me hubiera gustado recordarle que a mí me dieron ventitrés sesiones, pero me he callado. Ponerse chulo ante alguien con ansiedad nerviosa es la peor idea que se puede tener en el mundo mundial. Debería llevarle algo que le gustara mucho y que le calmara. Una pena que no haya tiendas de chicas morenas con pelo corto, minifalda y culo esculpido en mármol a granel.

A granel las chicas, no el culo.