Pepe Tripi y el círculo perfecto

Bueno… mi preocupación idiota de esta semana es la obesidad mórbida de mi gato Tripi. Ha pasado de animalito gordito y mono a bolón peludo en cuestión de dos meses. Y aunque J. dice que es normal que los gatos en invierno coman más y se hinchen un poco, lo cierto es que ya no puedo sostenerle en brazos sin que se me atomaten un poco las orejas. Creo que a este paso, tendré que llevarle al veterinario en un taca-taca.
Soy flaco. No tengo experiencia en adelgazamientos. Supongo que por eso todos mis intentos por reducir grasa gatuna están siendo un fracaso. La comida light ni la mira. Los juguetitos para que corra, corren solos. Las golosinas en alto para que salte, se momifican en la encimera. ¿Qué más opciones me quedan? ¿inscribirle en un gimnasio? ¿apuntarle a un cursillo de padel? ¿atarle a una vibromax?
No hay salida, así están las cosas. Yo me desespero y él ignora mi preocupación expandiendo su panzón en el pasillo con expresión de «pasa tio, soy una bola feliz».
Y lo peor no es el presente, incluso a pesar de su afición a dormir encima de mi estómago (ya me voy acostumbrando a lo de no respirar por las noches). Lo que me asusta es el verano. Agosto. Los 39º a la sombra de esta casa. Que me veo haciéndole sitio en el frigo, entre los guisantes y las oscar mayer.

Juana Tequila come ocho veces más que él y está perfecta. Es lo que tiene lo de arrasar. Que quema muchas calorías.