Mh… ñoñerías y feromonas

Qué sueño… qué cansancio… qué perrería… Semana de biorritmos hacia abajo. Ya he acumulado cuatro mil hojas de trabajo pendiente. Alguien debería ponerme una banda de colorines y esparcir confetti por ahí, como si fuera el turista un millón. Aunque como no espabile y despierte del letargo, me temo que el esparcido por ahí, voy a ser yo.

Hoy ha venido una chica nueva de prácticas. No es guapa, ni especialmente simpática, ni forma eses con las caderas, ni… nada, pero la miro y me enciendo como un farolillo chino. No sé distinguir bien por qué. Me gustan sus antebrazos redonditos, su olor a coco y sus pecas en la nariz. Creo que sufro algún tipo de cortocircuito sexual, o algo así. Se lo he dicho a mi compañera, pensando que ella como chica podría entenderlo, pero se ha limitado a abrir mucho los ojos y decir “¿ESA VACA te gusta?”.

Apunte mental de hoy: no hablar jamás de chicas con una chica.

Hasta el viernes que se vaya la cocopecosa, voy a tener que reubicar mis cachivaches en otro lado, porque ahora la tengo justo enfrente y cada vez que cruzamos los ojos, me voy coloreando y descoloreando como un neón de puticlub. Tengo miedo que con tanto encendido y apagado, me entre un shock circulatorio, y termine mis días con un tonillo anaranjado permanente, tipo David Meca. Ya soy bastante esperpéntico yo solito, con mis calcetines de rinocerontes.

Reapunte mental de hoy: Mi vida está bastante llena de espantapájaros. Humanos por fuera, monigotes por dentro. Y engañan ¿eh? engañan muuuuuuuy bien…