Santos, Vírgenes y Benita

Me he comprado un cucuruchón king-size de castañas asadas y llevo todo el día crunchi-cronchi, para ver si los hidratos me quitan la perrería. Preferiría palmeras de chocolate, pero temo que el coma hepático termine nublando la alegría de las energías recobradas, así que… por ahora castañas y chuto.

Mientras esperaba a que me rellenara el cucuruchón, la señora del puesto, que se llama Benita, tiene un hijo en los Agustinos, juanetes en los pies y una cuñada en Torrehermosa con la que no se habla (hay que ver lo que dan de sí 30 castañas…), me ha estado dando toda una clase teórica sobre ritos y costumbres católicas de ayer y de hoy. Por ejemplo… hay una oración a una vírgen de nosequésitio, que si la rezas debidamente todos los viernes del mes, salvas un ánima del purgatorio. Y hay otra oración para San Pascual Bailón, que si la rezas un año completo, él te avisará de tu muerte tres días antes de que esta ocurra (el porqué se llama así un santo con tan poca gracia, es para mí un misterio insondable).

Todo eso me lo ha contado la señora Benita en un tono muy bajito y confidencial, como si estuviera desvelándome las claves del asesinato de Jimmy Hoffa, así que he intentado poner cara de mucho interés con toque trágico, mientras empezaba a masticar las castañas de mi cucuruchón. Sin embargo, es cantidad de complicado poner cara de interés con toque trágico cuando tienes los mofletes llenos de castañas, así que al final he parecido más un oso panda comiendo bambú, que un chico emocionado con los vaticinios de un santo agorero.

Temo que a la señora Benita no le hayan quedado muchas ganas de hacerme confidencias religiosas en el futuro. Una lástima. Tenía la esperanza de que fuera ella la que rezara a la vírgen de nosequésitio para salvar mi ánima del purgatorio, cuando me de lo del coma hepático por las palmeras que seguro me comeré mañana.