Porque yo lo valgo

Esta tarde tengo que ir con mi Jefe al curso de mandos. Me pidió por favor que me pusiera traje, porque iba a estar el Señor Presidente y no era cuestión de recibirle con una camiseta del Pato Donald. Y lo dijo literalmente, ojo. Incluso aunque lo del pato sólo lo hice UNA VEZ.
El caso es que ayer por la tarde le pedí un traje a Miguel y me lo probé. Imposible describir la pinta que tenía. Ridículo. Penoso. Como uno de esos titís que disfrazan para pedir limosna al compás de una pandereta. Pero bueno, aún así, anoche lo volví a dejar en la percha de la puerta y pensé “Acuérdate, Ariel… mañana traje. Acuérdate, acuérdate, acuérdate…”
Y luego ha transcurrido tooooooooooda una noche amenizada por el celo de Juana Tequila. Y entre pichíus-pichíus (porque tengo la única gata en el mundo mundial que maúlla como un canario) me he levantado ochenta veces para cogerla, meterla en la cama, arroparla y calmarla, haciendo que en total haya logrado dormir… no sé… unos treinta minutos. Así que esta mañana, mientras miraba el armario con ojos de carabinero estrábico, pensaba … “ay… ¿de qué me tenía que acordar hoy? ah… de llevarme los guantes de la moto.”

Y eso. Que con los guantes de la moto estrecharé después la mano del Señor Presidente de la compañía. Y con pantalones comando, camiseta looney toons y zapatillas converse berenjena-pasión.

Mientras mi jefe me miraba esta mañana desde su mesa con expresión de pánico incontrolado, lo único que he podido hacer para salvar la situación, mi reputación y mis posibilidades de ascenso en esta empresa, ha sido señalarme el pato lucas del pecho y decir “No es el pato Donald, Sr. Roldan ¿eh?”

No sé por qué intuyo que el asunto de los cuatro mil folios pendientes va a empezar a pasar a un segundo plano…