Hoy tampoco puedo dormir

Yo le digo: “No sabemos darnos besos de amor”. Él contesta: “Son besos de amor”, y yo me río y digo: “Son besos sexuales. De amor no nos salen”.
Me levanto y digo que tengo que irme porque si no, no llego al examen. Él se pone a mi espalda y me abraza. Cruza su brazo en mi pecho y me aprieta contra él. Deja su boca en un lado de mi cuello un segundo. Dos. Tres. Sólo eso. Un silencio y su brazo sujetándome. Luego me suelta y dice: “Sí… perdona, te tienes que ir…”
Me quedo quieto, contento de que no haya podido ver la expresión de mi cara durante esos tres segundos. Expresión de “si hay batalla entre tú y yo, acabas de ganarla para siempre”. Mientras me acompaña a la puerta, le digo: “Me has dado un abrazo de amor”. Sonríe. No sé si puede entender lo que esos tres segundos han sido para mí.

Nunca me habían dado un abrazo de amor. Ojalá pudiera guardarlo en algún sitio. No sé. En alguna botella. En algún cajón.