Estoy haciendo tiempo para que empiece House

Mientras escribo esto me hago mucho, mucho, mucho pis. Y aquí estoy. En plan masoquista o en plan padre estricto: “Hasta que no termines el post, no meas. Y es mi última palabra.”

Estela me dijo que era la luna. Claro. La luna llena no le va nada bien a los que nacemos en Julio. Somos licántropos emocionales. Hoy he nadado cuatro largos de piscina antes de desayunar y me siento mucho, mucho mejor. Creo que he perdido las tonterías por entre el cloro y el speedo.

También estoy mejor porque J. y yo vimos anoche la última peli de los hermanos Cohen, con tequila, marihuana, palomitas con chocolate y nachos con queso. Armamos un buen batiburrillo entre el sofá del norte y el sofá del sur. No me había dado cuenta de lo mucho que encochino cuando como en el suelo. No entendimos muy bien la película pero nos reímos mucho.
J. y yo siempre nos reímos mucho. Y si no tenemos motivos, nos los inventamos sin ningún problema.

Cuando salí de su casa, el viento me volaba en cada cruce de calle, pero igualmente le llamé para darle las gracias por la peli y decirle que le quería. Siempre hago esas chorradas. Creo que si alguien lo hiciera conmigo algún día me sorprendería mucho, mucho.

Le he dicho a Ana que había estado viendo películas con mi pareja. Me ha sonado cantidad de raro decirlo. La lengua se me ha atascado un poco en la j. Como si no estuviese lo suficientemente entrenada como para soltarlo con naturalidad. Pareja. Pa-re-ja. Parejjjjjjj…a.

Tengo pareja. Qué cosas… Ya no puedo decir que no tengo nada. Con mis gatos hacen tres. Con el suyo hacemos cinco.

Ya soy familia numerosa.