Hubiéramos dormido mejor con un par de besos

Estas navidades me compré Qué Bello es Vivir porque todo el mundo decía que era una película preciosa para ver en Navidades. Y ponían mucha cara de emoción mientras decían que qué bonita era, que cuánto hacía llorar y que cómo hacía plantearse las cosas importantes de la vida.

No sé si la ví entera. Creo que no. Me pareció una idiotez.

Y también me lo pareció Juno. Y Ágora. Y no me río nada con muchachada nui, ni con José Mota. Y no sigo ninguna teleserie española. Ni tampoco creo que Avatar se merezca ningún oscar, salvo los tecnológicos, o que se inventen uno a la película más hortera. Porque por lo demás… un saco de malos actores, un guión previsible hecho de plagios de otros guiones y un desenlace bastante infantiloide.

Siempre intento que me guste lo que le gusta a todo el mundo. Siempre arrimo el hocico buscando ser parte del resto. Pero siempre, SIEMPRE termino siendo ese jodido tornillo que impepinablemente va a la contra, que nunca se logra apretar del todo y que siempre se suelta del gozne fastidiando el buen run-run de toda la maquinaria. Creo que debería meterme en alguna red social y crear algún tipo de clan. Algo como “grupo de personas que no sienten en grupo”. O algo así.

Algo así.

Lo peor de todo es que nisiquiera me gusta. Quiero decir… Otros lo aprovechan como bandera y lo lucen con orgullo. Yo no.

A mí sólo me asusta.