Tengo que hacer los post más cortos

Esdoy buy agadarrado. Bucho, bucho, bucho. Bogollón. Si dejamos a un lado los estornudos, los mocos, el dolor de cabeza y los escalofríos, lo demás no está tan mal. De hecho, pagaría por poder quedarme con la voz que tengo en estos momentos, en lugar del chirrido prepúber que tengo cuando estoy sano. Y aunque debería darme rabia eso de enfermar en vacaciones, lo cierto es que no me importa, porque meto la aspirina complex y los kleenex en la bolsa y me voy a casa de J. a comer judías sin oreja y tostadas de pasas con paté de pato. También me voy a comer a J. cuando me deja. Cuando se cansa de sujetarme las manos y decirme «que no, que no, estate quieeeeto…oye… que no…»
Soy muy pesado cuando se trata de comerme a J. Él dice «muy perseverante». «Eres muy perseverante». No lo dice de mal rollo. Lo dice riendo. También se ríe mientras me sujeta las manos y me dice «que no». Echamos el pulso y a veces gano yo, y a veces él. Sobre todo gano yo. Es lo que tenemos los chicos perseverantes con chirrido prepúber. Desabrochamos cinturones con un solo dedo hasta cuatro veces seguidas, si el contrincante se pone cabezón.

Soy feliz oyéndole trabajar en el ordenador del este, mientras hago test de autoescuela en el ordenador del oeste. Me doy cuenta de que puedo ser feliz con cosas muy pequeñas. El tecleo del ordenador. Su aliento en mi cuello mientras me enseña la nueva página web. El sabor del café. La bola de cristal que me compró en el anticuario. El mecido de sus abrazos.

No deberíamos esperar la felicidad como un hecho grande, ruidoso y lleno de luz. En realidad es una cosa pequeñita que se desliza sin que te des ni cuenta de por dónde entró, ni de por dónde se pudo ir.

Takhesi aún no tiene claro si odiarme, temerme o quererme. Se frotó conmigo ayer y hasta me mordisqueó la zapatilla, pero luego saqué la psp para jugar un rato y el tiroriro del encendido le volvió a asustar (maldito chico humano blanco con sus pelos tiesos y su máquina infernal… ). Hoy ha vuelto a bufarme, pero ya sale y se pasea por el salón. Eso sí, sin quitarme el ojo de encima. Es un gato espectacular. Pelo largo y dorado y ojos ribeteados en negro, como un león. Creo que es con diferencia, el gato más bonito que he visto en mi vida. J. siempre tiene unos gatos preciosos. Voy a intentar sacarle una foto para colgarla en el blog. A Takhesi, no a J. A J. no le saca una foto ni la vírgen del carmen que bajara expresamente de los cielos para ello (bien pensado, mal rollito que bajara la vírgen del carmen a hacerte una foto ¿no? sonaría como a «a ver, sonríe para la orla del infierno… patataaaaaaaaaa…»)

Tequila vuelve a estar en celo. Se pasa las horas con la pata en alto como una bailarina y la lengua en la entrepierna como una contorsionista viciosa. Se pone muy pesada cuando huele el rastro de Takhesi en mis zapatillas. Estoy pensando seriamente en presentarles. El león cobarde y la suricata ninfómana. Sería interesante. Fíjate… más o menos como sus dueños…