Chorradita para ti

Mira que estoy perro para escribir. Creo que vivo o escribo, pero que no soy capaz de hacer ambas cosas a la vez. Eso significa que cuando escribo no vivo y viceversa. Y significa también que ahora me toca vivir, claro. Bien deprisa ¿no? como mis zapatillas converse cuando salgo del metro de Nuevos Ministerios y enfilo la calle basílica hacia tu casa. Vuelan. El adoquinado del suelo es casi un cuadro impresionista.

Ando un poco raro y desasosegado. El día en general ha sido raro y desasosegado, aunque nisiquiera sabría decirte por qué… ¿porque no he podido comer a mediodía? ¿porque casi me caigo a las vías del metro? ¿porque nunca me termino de librar del puto vendaje? ¿porque he tenido un orgasmo con los pantalones puestos?. Molaría seguir tumbado en tu cama apoyado en un codo, haciéndote preguntas del tipo: «¿crees que esto será para siempre?» y todas esas chorradas que me cruzan los cables en los momentos idiotas. Molaría pasar la yema de los dedos por tu cara de bicho malo, mientras me sonríes y me dices: «pero Ariel… si esto YA ES para siempre…»

Cuando íbamos hacia la cama, Janis Joplin cantaba una canción. No sé cuál era. Sonaba a rhythm and blues. Era muy bonita. Pienso que me gustaría tenerla. Pienso que sería genial si pudieras encontrarla. Si pudieras decirme cuál era o… yo qué sé. Pescarla para mí, como si fuera uno de esos calamares gigantes que no existen. Ya no me voy a olvidar de esa canción. Sabes que hay algunas que se nos enquistan en el corazón ¿no? pues… eso. Ahora cada vez que suene, durante el resto de mi vida, esté donde esté y haga lo que haga, en realidad estaré caminando de espaldas hacia tu cama, y tú me besarás mientras me sujetas las muñecas. Y olerás a dulce. Y la boca me sabrá a chocolate lindtt.