Mis fabes con almejas no tienen buena pinta

En realidad son como un recreo de fabes en la piscina. Tchsk… mal rollo. Bueno, no dejaré que me cunda el pánico. Lo único que tengo que hacer es sumar un par de botellas de albariño al menú. Así las fabes seguirán siendo un desastre, pero para cuando llegue la olla a la mesa, importará mucho menos.

Ayudé a Ana a comprar el regalo del día del padre a Miguel. Y ayudé tanto, que se lo compré yo. Tuve buen ojo con la chaqueta, aunque ahora, cuando se la veo puesta me doy cuenta de que canta a Arielada por todas partes. De hecho… se da un aire a la que lleva Luke Skywalker cuando visita el planeta Dagobah. Se lo he dicho a Miguel esta mañana. “Pareces a Luke Skywalker cuando conoce a Yoda”. Él ha soltado un chorrito de risa y ha dicho “Las elegido tú ¿no?” Me he puesto muy nervioso y he tirado toda la pasta de dientes por los suelos mientras balbuceaba “¿yo? nnnn… nonono… no… yo no, no… no…. claro que no… nooo… yo no.”

Como no suelo mentir mucho, nunca me acuerdo de cuántos noes hacen falta para resultar creíble. Desde luego, nunca más de dos, porque cuanto más compulsivo me volvía yo con el colgate, más sonrisitas de “sinomeimportatontín” me dedicaba él.

Era mucho más fácil cuando los hijos regalaban ceniceros de palos de polo y cuadros de macarrones.