Astenia

En todas las relaciones siempre hay alguien que quiere, y alguien que se deja querer. Alguien que extiende la mano, y alquien que se deja acariciar. Y esos roles los llevamos implícitos a lo largo de tooooda la relación. Como si estuvieran predeterminados de antemano. Los dos son roles amorosos, igualmente, pero… claro… uno resulta mucho más cómodo que el otro.

He tenido algunas relaciones en las que me dejaba querer. Pocas. Casi todas con chicas. Es una sensación agradable, la verdad. Como cuando sabes que estás sentado en el mejor sillón del salón.

En mi relación de ahora, soy el que quiere. Creo que lo fuí desde el segundo o tercer mes de conocernos. A veces me jode y otras veces… otras veces pienso «vale… no estoy en el mejor sillón. Ok. Pero oye… al menos estoy sentado en el salón.»

La verdad, esto de que toda la vida esté formada por roles es una pequeña mierda. Ojalá fuéramos multiusos como una navaja suiza. Ojalá todos pudiéramos ser todo, en uno u otro momento. El listo, tonto, el angustiado, tranquilo, el quemaenergías, energizante y el que se esfuerza… pasota.