Deberíamos pasar directamente al verano

5 vueltas. 6 kilómetros. Ya no salto como Rocky Balboa. Ya lo hago directamente como Roger Rabbit. Creo que debo estar espectacular saltando como Roger Rabbit con las mallas de correr, la camiseta de yogures clesa y los zapatillones. Debería autofotografiarme con el móvil y poner la foto en la puerta de la nevera, para mis momentos de bajón.

Bueno, bueno… tengo un herpes en el labio superior y un dedo de la mano derecha reventado. Lo del herpes (presumo) es un bajonazo de defensas. Lo del dedo, un misterio insondable. Simplemente, me fui a lavar los dientes y pensé “uy… ¿qué es eso amorcillado que asoma por el palo del cepillo?” y sí… era mi dedo. Ni puñetera idea de cómo me lo hice. J. dice que me habrá picado una araña. Yo voto más bien por alguna hostia perdida, que quedara mitigada entre los dos litros de albariño, los chupitos de vodka y las cervecitas del aperitivo. No es de extrañar. Si sobrio me doy con las esquinas, entre efluvios alcohólicos ya… directamente, me arrastro por debajo de las piedras.

Así pues… ayer fue el día de los misterios insondables. Primer misterio: ¿cómo coño pudieron salir tan buenas las judías a la “mecagoendios-yahoraqueiba”? Segundo misterio: ¿por qué demonios lloraba y por qué demonios me dió por escribirlo como si fuera una novicia pedorra? Tercer misterio: ¿cómo me he reventado el dedo sin enterarme de que me he reventado el dedo? y Cuarto y más importante misterio: ¿por qué cojones no tiro de una puñetera vez la camiseta de los yogures clesa?