Tarararí-chimpún

Hay una gotera encima de la cabeza de Jesús. Es por la lluvia madrileña, que parece que se va, pero nunca termina de irse. No pueden arreglárselo hasta que no deje de llover y el techo se seque. A Jesús le deprime mucho lo de la gotera. Dice que estar trabajando al lado del barreño, las toallas y el plitchi-plitchi, es como formar parte de una novela de Charles Dickens. Me río mucho cuando dice eso, aunque él no lo diga exactamente en broma. A Jesús le desesperan cosas que a mí no me parecen graves, y a él no le parecen graves las cosas que a mí me desesperan. Y me parece estupendo, porque siempre es útil que el microuniverso esté equilibrado. Así yo me despreocuparé de la gotera y él se despreocupará de que me haya olvidado de bajar las botellas al contenedor de reciclaje.

He presentado fotos de mis tres gatos en el concurso de belleza gatuna de pequenet. A los dos vivos y al muerto. A este último, en un arranque de humor negro, le he rebautizado como Deaddy. Pobre Tao… un día de estos me caerá un rayo. Creo que cuando me llegue la hora, por un lado estaré agonizando, y por el otro pensando en frasecitas coñonas para mi lápida. No puedo evitarlo. Cuanto más tristes me parecen las cosas, más coñas me salen. Creo que es algún mecanismo de defensa que desarrollé a raíz de las chungueces de mi vida en el periodo prejesusaico.
Hoy me he puesto los patucos verdes del hospital en las orejas y le he dicho a Teo “Mira, soy la dama de Elche”. Le ha dado una risa espasmódica con ataque de tos, que ha hecho que se le descolocara el tubo del drenaje y viera las estrellas durante casi media hora. Nunca le había oído decir tantos tacos seguidos. La enfermera me ha mirado severamente. Creo que le hubiera gustado darme con la cuña en la cabeza un poquito.

Ese es mi apunte mental de hoy. Ser un poco menos yo, cuando estoy en el hospital.