No te rías, J. que te veo…

Susto enorme con eso de que esta tarde me sangrara la polla. No llevo la cuenta, pero creo que he debido de sufrir ya todos los síntomas del mundo mundial con cada una de las partes de mi cuerpo. Como mucho me deben de quedar vírgenes de achaques las orejas y las pestañas. Y eso como mucho. Todo lo demás ha pasado ya impepinablemente en una u otra ocasión, por las manos enguantadas de algún médico de urgencias. Creo que fácilmente debo ser el chico más médicamente sobado de todo Madrid. Tchsk… perra vida…

Al final ha sido una chorrada inflamatoria resultante de otra medicación, que se me pasará con un par de días de antibiótico, pero… joder… cuando el ecógrafo ha dicho “pásale a resonancia porque veo una sombra extraña en el riñón”, me ha faltado el pelo de un calvo para agarrarme a las piernas del enfermero y llamar a mi mamá. Cuando he entrado en la habitación de Teo, con mi receta antibiótica en una mano y mi resonancia en la otra, mi cara tenía exactamente el mismo color que el puré de su cena. Me ha preguntado qué me pasaba y yo le he dicho “Nada… que se me ha inflamado el tubo de un huevo.” Y se ha vuelto a descojonar. Y se le ha vuelto a mover el catéter medular. Y la enfermera me ha vuelto a reñir. Y yo… me he tragado la bronca sin rechistar porque me ha dado un corte de la muerte confesarle a la ats que no había chiste, y que era verdad que tenía medio huevo inflamado.

Ahora pensándolo en frío… la verdad es que es muy triste que se te hinche un huevo y que encima te echen la bronca. Vamos… igual podía haberme pasado por el parque para que algún borracho me escupiera un poco. Así echaba el día completo.

No paro de mirarme la entrepierna al espejo, pero no veo señales significativas. Una de dos. O resulta que soy un huevón y hasta ahora no me había dado cuenta, o es algún tipo de inflamación involutiva y mañana amanezco con los nibelungos como dos pasas de corinto.

Perra, perra, perra vida…