Las once y todo sereno

Es un poco tarde para estar aquí escribiendo esto, pero me pica un poco ver el test. A ver si así lo voy empujando hacia abajo. Dos líneas antes de irme a planchar los cuatro kilos de ropa que me esperan en la cesta desde hace semanas. Camisas y pantalones que gritan «arielpordios… líbranos de este infierno…»

He hecho el cambio de ropa de frío a calor. He desterrado abrigos, chaquetas, jerseys de cuello alto… Odio los jerseys de cuello alto aunque no sé bien por qué. Quizá porque odio toda la ropa que me encierra. Ahora siempre voy encerrado. Es por el vendaje del pecho. Doce semanas esperando a que me lo quiten. Soy el chico que nunca desespera.

Creo que odio todo lo que me encierra, así en general. Por eso he estado tanto tiempo solo.

Sacando viejas camisetas, camisas y chancletas, me doy cuenta de que no tengo ropa de verano que echarme a las tetillas. Tengo que llevarme a J. de compras. Nunca he ido de compras con J. pero lo imagino como toda una experiencia. Yo desapareciendo entre perchas, y él detrás de mí, arrastrando los pies, como los niños y diciendo «¿nos vamos ya?»

Tequila vuelve a estar en celo. Yo también, un poquito. Creo que lo de las compras con J. sólo es un plan específico de mi subconsciente para hacerle una encerrona en el probador, como un vulgar actor de peli cutreporno.