Esto se llama salir de un estado semicomatoso

Aunque nisiquiera puedo decir que lo haga en pleno uso de facultades…

Estoy absurdo. No hay nada que me pueda definir mejor. Tengo ciática, hinchazón de ojos, llagas en la boca, dolor de encías, sueño a todas horas, la líbido por los suelos y un permanente dolorcillo de cabeza que no me deja ni pensar. Se lo he contado a mi médico de cabecera (todo menos lo de la líbido baja, que me lo llevo a la tumba como buen machote absurdo) y me ha dicho que no es más que stress postraumático por los días de mierda que he pasado. O que sigo pasando, hasta que terminemos este maremagnum de papeles, notarios, certificados, bancos, y pollas en vinagre.

Es curioso que morirse sea tan complicado para los que se quedan. Curioso y bastante idiota. Mejor no tener nada de nada y que te coman los buitres. Mejor para ti, mejor para los demás, mejor para todos. Cuando uno deja más de cuatro perras en una cuenta bancaria, es increíble la que se monta.

Voy a quedarme con el coche rojo de Teo. En plan deja vù, diré que me está bien empleado por bocachancla. Aún así, lo miro y no me parece mío. Espero darle pronto algún malvivir que lo raye, lo abolle o le haga ir al bies en las curvas. Cualquier cosa de esas que serían normales conmigo. Mientras siga siendo bonito, rojo, brillante y limpio, será todo, menos mi coche.

Tengo que ir siete días de julio a la playa a ver las competiciones de natación de Ana. Malditas las ganas que tengo, pero se lo prometí y una promesa siempre es una promesa. Me tocará compartir hotel con Miguel (lo cual no está tan mal) y con su novia (lo cual es un infierno). Siete días aguantándola. Siete días escuchando chuminadas del tipo “no soy racista, lo que pasa es que los negros huelen mal…” y similares. Siete días. Siete. No sé cómo podrá acabar todo. Probablemente terminemos ahogándonos el uno al otro en la piscina. Bueno… al menos ella. Yo tendré que volver a ser machote absurdo y recordar que a una mujer no se la escabecha, incluso a pesar de que esa mujer sea ella, y los dioses la hayan puesto en el mundo para terminar con la poca resistencia mental que ya me queda.
Ayer nos hizo un desfile de bikinis para que eligiéramos cuál le quedaba mejor. Miguel batía palmas entusiasmado. Yo decía “uy, sí…. precioso, precioso…” sin apartar siquiera los ojos de la televisión. Miguel no comprende esa actitud por mi parte. La verdad es que no tiene mucha lógica porque, independientemente de que sea perfectamente asesinable, físicamente es una chica preciosa y espectacular.

Espectacular, preciosa y asesinable. Estoy seguro de que debe de tratarse de algún tipo de compensación cósmica.