Esto se llama… asomar la nariz al ostracismo

Le escribía a María que le echo de menos, como en puñaladas cortas. Es cierto. Justamente eso; puñaladas cortas. Vienen… desangran… y se van. Supongo que me tomé un intermedio de escritura porque no quería entrar en ñoñeces, ni desgarrarme la camisa como una plañidera venida a menos. Al fín y al cabo todos morimos y porque todavía no nos haya tocado a nosotros, no quiere decir que estemos en ningún tipo de “dimensión” distinta y a salvo.

Pero todos esos pensamientos tan racionales no siempre me libran de la sensación devastadora de no volver a verle.

Hace semanas, fuí a comer a un restaurante japonés con Jesús, y armé la de dios. Se me volcó el cuenco de sopa miso y se me soltaron nosecuantos trozos de sashimi de los palillos, con su consiguiente splochts dentro de la soja. Para cuando llegamos al sake, su lado del mantel estaba impecable y el mío era un zuriburrio cochino, lleno de salpicaduras, manchas, sopa miso, trozos de tofu y nosecuantas cosas más. Talmente como si en esa mesa hubieran comido la reina de Inglaterra y Eduardo Manostijeras. Le pedí a Jesús que sacara una foto con el móvil para luego colgarla en el blog, pero la inmortalización del momento aún sigue dentro de su nokia. Las cosas de Jesús suelen quedarse siempre en el mismo sitio y de la misma forma. Él reniega de ese don suyo de inmovilidad permanente, pero a mí me gusta. De alguna forma me hace sentir seguro. Debe ser que en el fondo, de alguna forma, también me considero parte de sus cosas.

Sea como fuere, él se rió mucho con mi torpeza japonesa. Dijo que donde se tenía que poner sólo una pizca de soja, yo hacía minipiscinas donde el sashimi se podía lanzar con doble arabesco y hasta bucear. También dijo eso de que tengo tendencia a los accidentes. Dice eso muchas veces. Cuando lo dice quitándome las tijeras o algún cuchillo de la mano, me parece cantidad de tierno.

Jesús me ata un poco los pies al suelo. Creo que por eso ha sido la única persona con la que he llorado y perdido los papeles en todas estas últimas semanas. Me gustaría poder darle las gracias, pero soy tan torpe haciendo eso que, de todas formas… no creo ni que llegara a entenderlo.