Ya tengo el ombligo de color tejado

He vuelto. Tengo el hígado tocado del fritorégimen del hotel y me he peleado mucho con Ana-2. Me he peleado tanto que en estos momentos me arrepiento de haberlo hecho. Cuando me arrepiento de pelearme con alguien es que lo he hecho mucho y sin sentido. Creo que debería aprender a controlar mi genio. También estaría bien que ella controlara un poco su dosis de chorrada por minuto, aunque eso es menos probable porque vive convencida de que es maravillosa, infalible y superguais.

Cuanto antes salga de esta casa, mejor. Mejor para ella. Mejor para mí. Mejor para todos.

Hay mucha expectación entre Miguel y Ana-1 con un regalo de cumpleaños anticipado que me van a hacer mañana. Cuchichean y dicen que es lo que más me gusta en el mundo mundial. Estoy intrigado. ¿Un soldado imperial? ¿un paseo en helicóptero? ¿una isla de la Polinesia?

Con la guerra que he dado, no me merezco para nada ningún regalo. Me merezco que me cosan la boca una temporada. Creo que lo de mi hígado comatoso es otra de esas compensaciones cósmicas del universo. Por eso lo sobrellevo con estoicismo y sal de fruta Heno, a partes iguales.