Esta es la postura del todavíanocontrolo


Por más que le hago fotos y más fotos, no consigo que se vea lo diminuto que es. Por no salirme, nisiquiera me sale guapo. Eso sí… pronto tendré fotos suyas como para empapelar Segovia. Un chico me dijo una vez que no entendía porque en mi casa sólo había fotos de gatos, y no de vacaciones, familia, amigos… Que era inusual. Le contesté que yo también era inusual.

La verdad es que odio las fotos. Nadie me resulta humano en dos dimensiones.

Juana Tequila ya se ha acostumbrado al pedogato. No le hace muchas fiestas, pero sí se tumba a su lado a dormir, sin agresividad de por medio. Pepe Tripi, por el contrario, sigue sin salir de debajo de la cama. No entiendo que pueda tener miedo de un bicho despeluchado que es del tamaño de su huevo izquierdo (si aún lo tuviera) y que va por ahí apestando a leche y espatarrado como un cangrejo, pero lo tiene. Auténtico pánico. Cada vez que se le acerca a menos de un metro, bufa, pega un brinco y huye a esconderse, como si el pedogato tuviera poderes ninjas y fuera a sacar una katana gigante, o algo así.

No pienso dar a Paco Peyote a nadie. Nunca. Se quedará conmigo, como se quedaron los demás. He sido un imbécil por pensarlo. Soy así. Adopto animales. Soy así y seguiré siendo así. Es una tontería luchar contra el instinto y justificarme ante nadie. A quien no le guste, que se busque un chico de los que ponen cascabeles y reniegan de los pelos en la cama. Los hay a patadas.

Me han quedado tres para septiembre. Tres. Nunca me habían quedado tantas. Este año no conseguiré las becas ni harto de vino. Uno de mis profesores me ha dicho que este semestre había sido «decepcionante». Decepcionante. Eso es lo que soy ahora. Decepcionante. Por todos los lados decepciono. No importa que me deje los cuernos. Decepciono igual.

Pero miro a Paco Peyote y todo se me olvida, así que… creo que en este momento nos necesitamos mutuamente. Por eso se queda conmigo. Por puro egoismo.