Vuelvo a estar enfermo. Quizá por la bolsa de patatas fritas. O quizá por el sorbo de mojito. O quizá porque no logro dormir. Igual da. Hacía tiempo que no pasaba un fin de semana tan asqueroso. Sólo el minigato me salva. Por no tener, nisiquiera tengo marihuana (ni tendré). Me han llamado para que adelante mi vuelta al trabajo una semana porque mi compañero se ha roto la clavícula. Casi lo agradezco. Al menos mantendré la cabeza ocupada en algo y el cuerpo refrigerado. Mi jefe ha dicho que podía cogerme la semana que faltaba para octubre. “Seguro que te viene bien ¿eh? los jóvenes siempre tenéis algún concierto o algún viajecillo por ahí pendiente…”

Una po**a como una olla. Eso es lo que tengo yo para octubre. Por mí pueden seguir rompiéndose las clavículas en fila de a uno. Estoy dispuesto a sustituir a toda la empresa desde hoy hasta el 2025.

Creo que Pepe Tripi anda un poco celoso. Sólo eso explica que se suba a dormir en mis rodillas, cuando en el salón tenemos cerca de 38º C. A estas alturas del año debería estar espatarrado sobre las baldosas del baño. Claramente, anda un poco descolocado o echa de menos los cuchicuchis. Debería andarse con cuidado. Con el descoloque mental que llevo últimamente será fácil que un día de estos le enchufe a él el biberón y al enano le ponga los friskies. Hoy me he sorprendido tirando un calzoncillo a la basura y metiendo un brik usado en la lavadora. No sólo vuelvo a estar enfermo. También vuelvo a estar más perdido que un pulpo en un garaje.

Voy a cambiar la plantilla al blog. Espero acordarme de algo.