El julio extraño

Me dice María que el mes de Julio está raro. Es verdad. Lo está. Cuando era pequeño me parecía que era el mejor mes de los doce, porque llevaba el día de mi cumpleaños y significaba verano. Ahora mismo no me parece que ninguna de las dos cosas tenga excesiva importancia. Creo que de alguna forma, me he vuelto rancio o he perdido por el camino las ganas de comerme el mundo. Espero poder tener delante a alguien que tire un poco de mí y me cuente que vivir es estupendo. Todos deberíamos poder tener a alguien así, aunque fuera una sola vez.

Enamorado de Peyote. Enamorado de sus patas zambas y su chiu-chiu-chiu. Cuando hace pis, del esfuerzo se vuelca hacia delante. Tengo que levantarle y limpiarle los restos de arena del hocico. Cada vez que sucede, tengo que sentarme unos minutos para recuperarme de la risa. Es lo más cómico que ha pisado esta casa con diferencia.

A las diez me ha llamado Ana-1 al trabajo para decirme que el pedogato maullaba sin parar y no le dejaba dormir. Yo le he dicho que tendría hambre y que le diera uno de los biberones preparados. Ella me ha dicho “Ya lo he hecho, pero lo rechaza todo el tiempo y ya lleva dos horas así…” Yo he preguntado: “Pero…le quitaste la tapa al biberón ¿verdad?” y ella ha dicho “¿La tapa? ¿qué tapa?”. Yo, con las orejas un poco entre morado ensueño y fresa pasión, he añadido: “¿pero no has visto que no salía leche por la tetina?” y ella ha respondido “Hijo, yo que sé… ¿qué es la tetina?”.

Estoy barajando la posibilidad de llevarme mañana el transportín al trabajo, aprovechando que estoy solo, y dejarle debajo de la mesa. Sólo come y duerme, duerme y come. ¿Qué podría pasar?

Vale. Se trata de mí, así que… Todo. Todo podría pasar. Hasta una invasión extraterrestre podría pasar.