Este tiene que ir mudo

Sabía que hoy echaría mucho de menos al loco. Todos los días como hoy solía comprar una tartaleta de manzana de Mallorca, de las de masa plana, y la pasaba por la rendija de mi buzón. Luego, soltaba dos velas del número y hala. Ahí lo dejaba. Debajo de las cartas del día. Ya era un clásico eso de recoger el correo manchado de manzana. Y lo reconozco… la chorradita me gustaba. Por encima de dulces y velas, se seguía acordando de mí. Incluso aunque no tuviéramos demasiado contacto. Incluso aunque yo pasara por mi época de madriguera y silencio. El loco se seguía acordando de pasar por mi buzón tal día como hoy.

Supongo que son nuestras rarezas, las que hacen que luego seamos añorados. Por eso nunca oímos eso de “Qué majo Luis… ¿te acuerdas de cómo bajaba la basura?”. Supongo que por eso no es tan malo hacer alguna idiotez de vez en cuando. Aunque sea lo de llevarse un gato al trabajo o…destrozar un pastel por la rendija de un buzón.

Hoy voy a tener el correo más soso y silencioso del mundo. Y sin embargo… aquí seguimos. Y sigue mereciendo la pena ¿no?